Abre los ojos, endormiscada, y entre los párpados pesados se cuela el apacible rostro de su hijo. El reloj de la mesilla marca las tres de la madrugada. Retira la tela del camisón y suavemente acerca a su pecho la cabecita del pequeño que, relajado, succiona. Una de las ventajas más significativas de compartir lecho con